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lunes, 31 de julio de 2017

Cologne New Philharmonic Orchestra - Ungarische Rhapsodie nº 2 (Franz Liszt)

RECORDANDO A LISZT

De entre la ingente obra del gran compositor Franz Liszt, a fin de conmemorar el aniversario de su fallecimiento, elegimos su Rapsodia Húngara nº 2 (1847), de lejos la más famosa de las diecinueve que compuso. Escrita en principio para piano, su inmediato éxito y popularidad, condujo a su autor a realizar una versión para orquesta en colaboración con el músico polaco Franz Doppler. En el video se puede apreciar una brillante ejecución orquestal de la misma en la ciudad alemana de Colonia bajo la dirección de Volker Hartung.

domingo, 30 de julio de 2017

Paul Anka - You are my destiny

YOU SHARE MY REVERIE

Recordamos hoy el 76 cumpleaños de Paul Anka con uno de sus mayores éxitos, You are my destiny, canción propia que grabó en 1957 y, después de haber sido un hit internacional con la discográfica ABC, volvió a aparecer en 1963 en otra grabación diferente al cambiar el artista a la RCA.

Anna Identici - Una rosa da Vienna

TRIBUTO A ANNA IDENTICI (Castelleone, Italia, 30-7-1947)

La cantante italiana Anna Identici cumple hoy 70 años. En la segunda mitad de la década de los 60 y primeros 70 fue una intérprete bastante conocida incluso fuera de su país, sobre todo por sus seis participaciones en el Festival de Sanremo.
Hija de un ferroviario, Anna Identici debutó como cantante a los quince años. En 1964 fue finalista en el Festival de Castrocaro, que vencieron Vittorio Inzaina y Franco Tozzi. En 1965 tuvo cierto éxito con la canción Un bene grande così y al siguiente debutó en Sanremo 1966 con Una rosa da Vienna, que también interpretada por The New Christy Minstrels, se clasificó en el quinto puesto en la final. 
En Sanremo 1968 cantó su canción más popular, Quando m'innamoro, que asímismo interpretó el trío vocal estadounidense The Sandpipers, clasificándose en el sexto lugar. Al año siguiente, poco antes de volver al festival sanremés, donde debía cantar Il treno, que ya había grabado en disco, intentó suicidarse. Se salvó pero hubo de ser sustituída por Rosanna Fratello en el certamen. En las ediciones de Sanremo 1970 y 1971, emparejada en ambos casos al francés Antoine, concursó respectivamente con Taxi (8º puesto) e Il dirigibile (no finalista). Después cambió de estilo, pasando a una música más comprometida con su álbum Alla mia gente (1971). Significativo de este giro fue la canción que en solitario presentó en Sanremo 1972, titulada Era bello il mio ragazzo, que trata sobre una madre que pierde a su hijo en un accidente laboral. La canción quedó excluída de la final pero no así Mi son chiesta tante volte, que en Sanremo 1973 quedó décima en la finalissima.
Anna Identici ya no volvió a concursar en Sanremo, pero en 1974 tuvo un gran éxito con la canción 40 giorni di libertà. Luego se dedicó a la música folk y publicó diversos álbumes de musica popular italiana. Su último trabajo de grabación data de 1986.



Una rosa da Vienna, canción escrita por Bruno Lauzi sobre música de Gianni Guarnieri, supuso en 1966 la primera de las seis comparecencias en el Festival de Sanremo de Anna Identici y con ella la cantante obtuvo la mejor clasificación de todas ellas, un quinto puesto.

sábado, 29 de julio de 2017

Vintage delights (XC)

Bela Lugosi & Dwight Frye ("Drácula", 1931)

Lionel Barrymore, Ethel Barrymore & John Barrymore ("Rasputin & the Empress", 1932)

Franchot Tone, Mona Barrie, Clark Gable & Joan Crawford ("Love on the run", 1934)

Katharine Hepburn & Brian Aherne ("Sylvia Scarlett", 1935)

Leslie Howard, Bette Davis, Charley Grapewin & Dick Foran ("The petrified forest", 1936)

Tyrone Power & Ethel Merman ("Alexander's Ragtime Band", 1938)

Greer Garson & Laurence Olivier ("Pride and prejudice", 1940)

Robert Young & Ann Sothern ("Lady be good", 1941)

Veronica Lake & Fredric March ("I married a witch", 1942)

Margaret O'Brien & Judy Garland ("Meet me in St. Louis", 1944)

Steven Geray, Glenn Ford & Rita Hayworth ("Gilda", 1946)

Jennifer Jones ("Portrait of Jennie", 1948)

Jean Simmoms & Dirk Bogarde ("So long at the fair", 1950)

Nick Cravat, Burt Lancaster & Eva Bartok ("The crimson pirate", 1952)

Robert Mitchum & Marilyn Monroe ("River of no return", 1954)

Kirk Douglas & Anthony Quinn ("Lust for life", 1956)

Giulietta Masina ("Le notti di Cabiria", 1957)

James Stewart & Kim Novak ("Vertigo", 1958)

Jean-Paul Belmondo & Jean Seberg ("A bout de souffle", 1960)

Claudia Cardinale & Jacques Perrin ("La ragazza con la valigia", 1961)

Audrey Hepburn & Jeremy Brett ("My fair Lady", 1964)

Anouk Aimée ("Une homme et une femme", 1966)

Julie Andrews & John Gavin ("Thoroughly modern Millie", 1967)

Goldie Hawn & Ingrid Bergman ("Cactus flower", 1969)

viernes, 28 de julio de 2017

Gloria Fuertes (Madrid, España, 28-7-1917 / Ibid, 27-11-1998)

LA POETA ESPAÑOLA MÁS MEDIÁTICA

Hoy se cumple el centenario natal de la escritora española Gloria Fuertes. Ligada a la primera generación de la posguerra, su obra comprende poesía, narrativa y teatro y, asímismo, fue una prolífica autora de literatura infantil y juvenil. Nació en el seno de una familia humilde (la madre costurera, el padre conserje y portero), fue "una niña con zapatos rotos y algo triste porque no tenía muñecas" y pronto tuvo que ponerse a trabajar. Acaso por ello, su futuro interés por el mundo infantil, al que dedicó buena parte de su producción. Sus escritos revelan un profundo humanismo y una gran ternura, sencillez e ironía. Decía que ella quería ser el Charlot de la poesía española y, con su voz ronca, le encantaba recitar. Hasta alcanzar reconocimiento en edad madura, su vida fue difícil por ser mujer, lesbiana y pobre. Su pareja más estable fue la hispanista norteamericana Phyllis Turnbull, con quien mantuvo una relación de casi veinte años. A la muerte de ésta siguió la peor depresión en la vida de Gloria, que la llevó seriamente a pensar en el suicidio ("Iba a tirarme al metro pero acabé tirándome a la taquillera"). Desde mediados de los años 70, merced a sus apariciones televisivas, se convirtió en un personaje campechano, muy popular y querido. Fumadora empedernida, falleció a los 81 años de cáncer de pulmón. En su testamento dejó su fortuna (100 millones de pesetas) al orfanato conocido como Ciudad de los muchachos del padre Jesús Silva. Devolvía así a los niños el patrimonio que consiguió gracias a ellos.

Reseña biográfica procedente de la página Instituto Cervantes:

Su interés por las letras comienza a la temprana edad de cinco años, cuando ya escribía y dibujaba sus propios cuentos. Publica su primer poema con tan sólo catorce años en 1932, bajo el nombre de Niñez, juventud, vejez… persiguiendo desde joven la edición de sus escritos. A los quince ya recita sus versos en Radio España de Madrid y a los diecisiete da forma a su primer libro de poemas, Isla ignorada.
La década de los 40 supone su incursión en el mundo literario profesional. En los cinco primeros años se estrenan algunas de sus obras de teatro infantil y poemas escenificados en varios teatros de Madrid. Comienza a trabajar como redactora en la revista infantil Maravillas (de 1939 a 1953) donde publica semanalmente cuentos, historietas y poesía. En 1942 conoce a Carlos Edmundo de Ory, integrándose en el movimiento poético denominado Postismo, participando activamente en las revistas Postismo y Cerbatana junto a Ory, Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi. También colabora en otra revista, Chicas (de 1940 a 1945), publicando cuentos de humor, y en el diario Arriba con las historietas Coletas y Pelines. Paralelamente funda el grupo Versos con faldas junto a María Dolores de Pueblos y Adelaida Lasantas, dedicado durante dos años a ofrecer recitales y lecturas por los bares y cafés de la capital.
En 1950 publica Pirulí, dos años después estrena su primera obra de teatro en verso Prometeo que le lleva a recibir el Premio Valle-Inclán, y en 1954 lanza Antología Poética y Poemas del suburbio. Durante estos primeros años de la década organiza una biblioteca infantil ambulante por pequeños pueblos con afán de paliar el analfabetismo, y funda junto a Antonio Gala, Rafael Mir y Julio Mariscal la revista poética Arquero, que dirige hasta 1954. De 1955 a 1960 estudia Biblioteconomía e Inglés en el International Institute.
En 1960 viaja por tres años a EEUU tras obtener la beca Fullbright para impartir literatura española en la Universidad de Bucknell, en el Mary Baldwin College y en el Bryn Mawr College. A su vuelta su producción poética se enriquece con Ni tiro, ni veneno, ni navaja (1966), Poeta de guardia (1968) y otro de los títulos de su corpus poético Cómo atar los bigotes al tigre (1969).
En 1972 recibe la beca de la Fundación Juan March de Literatura Infantil, lo que le permite dedicarse enteramente a la literatura. Se suman dos nuevos títulos a su obra poética: Sola en casa y Cuando amas aprendes geografía (1973). A mitad de la década recibe por la obra Cangura para todo el diploma de honor del Premio Internacional de Literatura Infantil Hans Christian Andersen, lo que la sitúa entre los grandes autores universales de literatura infantil. Asimismo colabora en diversos programas de literatura infantil de TVE, los más populares Un globo, dos globos, tres globos y La cometa blanca que, junto a numerosas composiciones de letras de canciones infantiles, la convierten definitivamente en la poeta de los niños. También escribe para las revistas La codorniz y Discóbolo.
A partir de estos años y durante los ochenta la actividad de Gloria Fuertes es imparable e intensa: lecturas, entrevistas, radio, homenajes, periódicos, pregones, viajes, visitas a colegios y publicaciones constantes. Destacan sus cuentos para niños: La pájara pinta (1972), La gata chundarata y otros cuentos (1974), La momia tiene catarro (1978), La ardilla y su pandilla (1980), Cocoloco pocoloco (1985) y El pirata mofeta y la jirafa coqueta (1986).
El conjunto de la obra de Gloria Fuertes se caracteriza por la ironía con la que trata temas tan universales como el amor, la soledad, el dolor o la muerte. Despuntan las metáforas, los juegos lingüísticos y el carácter fresco y sencillo que dotan a sus poemas de una gran musicalidad y cadencia cercana al lenguaje oral. Su acento lírico es uno de los más personales, auténticos y distintivos entre los poetas contemporáneos.

De la página de la Fundación Gloria Fuertes:

"…Es importante que los niños lean poesía. Y es más que importante, es necesario…"

"... Los niños que leen poesía se aficionan a la belleza del lenguaje y seguirán leyendo poesía toda su vida…"
 
"...Un niño con un libro de poesía en las manos nunca tendrá de mayor un arma entre ellas…"

Gloria Fuertes goza de un extraño don que pocas veces se da en nuestro panorama literario: su poesía llega a todo tipo de lectores, su emoción humanísima abraza a todas las gentes.
Pacifista a ultranza, ha utilizado el arma de la palabra especialmente contra las guerras, sin olvidar otros dramas y dolores humanos.
Espontánea, divertida, irónica, disparatada, tierna, afectiva, surrealista, sencilla, solidaria, sincera y siempre comprometida... ella, como su poesía, es única e irrepetible. Gloria, sin lugar a dudas, es como escribe y escribe como es. Habla siempre en tono confidencial y amigable, todo lo hace sencillo y cotidiano, pero con la grandeza de tener siempre un alma con una inmensa capacidad de asombro ante la vida.



ISLA IGNORADA

Soy como esa isla que ignorada,
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,
—sola sólo—.
Hay aves en mi isla relucientes,
y pintadas por ángeles pintores,
hay fieras que me miran dulcemente,
y venenosas flores.
Hay arroyos poetas
y voces interiores
de volcanes dormidos.
Quizá haya algún tesoro
muy dentro de mi entraña.
¡Quién sabe si yo tengo
diamante en mi montaña,
o tan sólo un pequeño
pedazo de carbón!
Los árboles del bosque de mi isla,
sois vosotros mis versos.
¡Qué bien sonáis a veces
si el gran músico viento
os toca cuando viene el mar que me rodea!
A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo es mi deseo;
—manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo—.
Un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos;
y soy tierra feliz —que tengo el arte
de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—.
Para mí es un placer ser ignorada,
isla ignorada del océano eterno.
En el centro del mundo sin un libro
sé todo, porque vino un mensajero
y me dejó una cruz para la vida
—para la muerte me dejó un misterio.


EN LAS NOCHES CLARAS

En las noches claras,
resuelvo el problema de la soledad del ser.
Invito a la luna y con mi sombra somos tres.


AUNQUE NO NOS MURÍERAMOS AL MORIRNOS

Aunque no nos muriéramos al morirnos
le va bien a ese trance la palabra: Muerte.
Muerte es que no nos miren los que amamos,
muerte es quedarse solo, mudo y quieto
y no poder gritar que sigues vivo.

jueves, 27 de julio de 2017

Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española (RTVE) - Danza Española nº 5 'Andaluza' (Granados)

ENRIQUE GRANADOS (Lérida, España, 27-7-1867 / Canal de la Mancha, 24-3-1916): IN MEMORIAM

Hoy se cumplen 150 años del nacimiento del compositor y pianista español Enrique Granados. Representante del nacionalismo musical español, del que las famosas Goyescas son muestra capital, en su obra, elegante, poética e intimista, cultivó asímismo una vertiente romántica cuyo acento melódico y melancólico aún se sigue admirando a más de cien años de su trágica muerte. Los pentagramas de sus composiciones han traspasado épocas y fronteras y hoy día músicos y orquestas del mundo entero los siguen ejecutando.
Enrique Granados Campiña era hijo de un capitán del ejército procedente de La Habana (Cuba, por entonces provincia española) y de una santanderina. Siendo un niño, la profesión militar de su padre llevó a la familia a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias) donde aquel ocupó el cargo de gobernador militar. Allí residieron hasta 1874, momento en el que su padre sufrió un grave accidente al caerse de su caballo. Las complicaciones en el estado del gobernador militar les obligaron a volver a Cataluña, estableciéndose en Barcelona. La disposición del pequeño Enrique para la música se reveló ya entonces y sus progenitores no dudaron en fomentar la pasión de su hijo, por lo que fue confiado al capitán Junceda, amigo de su padre, que le enseñaría solfeo y piano.
Una vez comprobado su talento musical, a los diez años de edad empezó a dar conciertos públicos  y en 1879 ingresó en la Escolanía de la Merced, donde recibió lecciones de piano de forma oficial. Tras adquirir los conocimientos necesarios, ingresó al año siguiente en la academia de Joan Baptista Pujol, el maestro de piano más prestigioso del momento. Allí le descubrió en 1883 el crítico, musicólogo, profesor y compositor Felipe Pedrell, quien, fascinado por su interpretación de piano en un concurso del que Enrique ganó el primer premio, le aceptó como alumno de armonía y composición. Conviene señalar que Pedrell dio clases a los tres grandes representantes del nacionalismo musical español: Isaac Albéniz, Manuel de Falla y Enrique Granados (1).
Tras la muerte de su padre, Granados, de familia muy numerosa, encontró la forma de ganarse la vida en los cafés barceloneses, donde actuaba frecuentemente y comenzó a dar a conocer su talento. En cierta ocasión, entre los asistentes, se encontraba el empresario Eduardo Conde, propietario de unos importantes almacenes de Barcelona, quien se convirtió en su protector y decidió contratarle para dar clases de piano a sus hijas, pagándole con generosos emolumentos. En esa época Granados dió su primer concierto importante junto a otro pianista leridano, Ricardo Viñes, en el Ateneo de Barcelona. De ese modo logró ahorrar el dinero suficiente para costearse en 1887 un viaje a París, ciudad donde residió durante dos años con su amigo Viñes. Ambos vivieron la bohemia de Montparnasse, dieron recitales y trataron con músicos como Fauré, Debussy, Ravel o Saint-Saëns, además de Isaac Albéniz, ya conocido en Barcelona. No habiendo podido ingresar en el Conservatorio parisino, Granados estudió de forma privada con uno de sus profesores, Charles Wilfrid de Bériot, cuya tutela influyó decisivamente en su técnica pianística. A la sazón, compuso sus conocidas Doce danzas españolas, estrenadas en 1890 tras su regreso a Barcelona y su primera obra en adquirir reconocimiento internacional. Poco antes, ese mismo año dio un memorable concierto en el Teatro Lírico donde estrenó las tres primeras. En 1891 fue cofundador del Orfeó Catalá y un año después se casó con Amparo Gal, hija de un industrial con la que tendría seis hijos.
Tras un periodo de silencio de unos tres años (los dos últimos en Madrid intentando en vano obtener una plaza como profesor de piano en el Conservatorio), regresó a Barcelona en 1895, donde volvió a ofrecer conciertos, se relacionó con miembros de la Renaixença (movimiento surgido a mediados del siglo XIX en pro de la cultura e idioma catalanes) y, más adelante, del Modernismo. El violinista belga Mathieu Crickboom, afincado en Barcelona y que había acompañado en conciertos a Granados, fundó en 1897 la Societat Filharmónica con el objetivo de promover la música de cámara en el panorama musical barcelonés, esencialmente dominado por la ópera. Granados tocó en la Filharmónica durante los siete años siguientes, coincidiendo en ocasiones con el violonchelista Pablo Casals y dando a conocer obras propias como sus inspiradísimos Valses poéticos (1895).
En 1898 estrenó en Madrid con enorme éxito popular la ópera María del Carmen, que agradó a la Reina María Cristina hasta el punto de concederle a su autor la Cruz de Carlos III. La obra triunfó también en Barcelona y Valencia. En 1900 fundó en Barcelona la Sociedad de Conciertos Clásicos, y un año después, animado por su pasión didáctica y también por la necesidad de una estabilidad económica, la Academia Granados, destinada a la enseñanza del arte pianístico. En ella se formarían músicos de renombre como José Iturbi, Conchita Badía, Rosa Sabater o Alicia de Larrocha. En 1903 publicó el Allegro de concierto, obra en la se aparta de su estilo nacionalista en busca de un virtuosismo romántico y en 1904 Escenas románticas.
Muy bien relacionado intérprete en el Palau de la Música, Granados, aunque compuso varias obras de raíz musical catalana, no quiso adscribirse ni circunscribirse al catalanismo musical, lo que le costaría algunas presiones y comentarios desapacibles, que le hicieron estallar y proclamar su libertad de interesarse por otras tradiciones musicales. En la obra de Granados resuenan ecos de la música europea, pero su catalogación como nacionalista musical está motivada por su predilección por los ambientes madrileños, andaluces o de otras regiones españolas.
El compositor catalán sintió siempre una profunda admiración por la figura del pintor Francisco de Goya y el ambiente casticista genialmente captado en los lienzos del artista. Granados poseía gran habilidad para la pintura y el dibujo, llegando a autoretratarse disfrazado de 'goyesco'. De esta devoción nacen los cuadernos de la suite Goyescas para piano, con el subtítulo de Los majos enamorados. Estas impresiones musicales distribuidas en siete escenas que ilustran el desarrollo de una pasión amorosa entre los majos poseen un fuerte carácter de improvisación, y están narradas con el uso de un leitmotiv de origen wagneriano. La valiosa producción fue estrenada en 1911 en el Palau de la Música Catalana, aunque la consagración mundial tuvo lugar en la Sala Pleyel de París en 1914, por la que se le concedió al músico la Legión de Honor de la República Francesa. En esta misma ambientación goyesca se sitúan las Tonadillas para voz y piano (1910), escritas sobre textos de Fernando Periquet, donde Granados recrea el ambiente madrileño de finales del siglo XVIII y principios del XIX.
A raíz del apabullante éxito de la suite pianística Goyescas, la Ópera de París le encargó la versión operística de la genial partitura, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial invalidó este proyecto francés y el Metropolitan Opera House de Nueva York se ofreció para la primicia. El matrimonio Granados zarpó del puerto de Barcelona en noviembre de 1915 y se instaló en Nueva York el 15 de diciembre, comenzando una actividad frenética de preparativos, contactos y ensayos con la orquesta, que el violonchelista Pablo Casals se encargó de dirigir. La sociedad neoyorquina consideró un honor contar en la ciudad con un artista europeo de tal prestigio, por lo que Granados fue agasajado constantemente e invitado en los mejores círculos y recepciones de la ciudad. El estreno de la ópera Goyescas tuvo lugar finalmente el 26 de enero de 1916, cosechando un gran éxito de público y situando al compositor español en la cumbre de su fama mundial. Con esta satisfacción los Granados se proponen emprender su viaje de vuelta a España y embarcar en Nueva York con destino a Barcelona. Tenían los pasajes para el día 8 de marzo, pero, para poder asistir a un homenaje imprevisto del entonces presidente norteamericano Woodrow Wilson en la Casa Blanca, pospusieron la fecha del viaje tres días. El 11 de marzo tomaron un barco con destino a Falmouth (Inglaterra), hicieron una parada turística en Londres y, finalmente, el 24 de marzo en Folkestone zarparon en el vapor Sussex con rumbo al puerto francés de Dieppe. Antes de ir a Nueva York, Granados ya estaba preocupado por las hostilidades de la Primera Guerra Mundial.
Apenas una hora después de haber embarcado en el transbordador de pasajeros, navegando por el Canal de la Mancha, un submarino alemán confundió al Sussex con un barco militar y le lanzó un torpedo destrozando su proa. El Sussex no se hundió -luego sería remolcado a puerto-, pero muchos pasajeros, presos del pánico, se lanzaron al agua e intentaron ganar los botes salvavidas. Fue el caso de Granados, quien, al parecer, fue rescatado por un bote. Pero entonces observó que su esposa se debatía entre las olas y, pese a su hidrofobia,  volvió a arrojarse al mar para salvarla. Hay otra versión que cuenta este desenlace exactamente al revés. Rozando la leyenda, se dice que ambos se ahogaron abrazados. Murieron, entre tripulantes y viajeros, unas 80 personas. La noticia causó consternación y se abrió una suscripción internacional para los huérfanos de los fallecidos, a la que incluso se sumó el gobierno alemán con una indemnización por lo sucedido. Enrique Granados había fallecido con sólo 48 años. En Barcelona, en Lérida, en París, en Nueva York, se le tributaron homenajes póstumos.
Además de las obras citadas, se deben a Granados, entre otras muchas, Piezas sobre cantos populares españoles (1895), la Rapsodia aragonesa (1901), Escenas poéticas (1912), las tres para piano, más de una quincena de piezas de cámara, una decena de obras líricas (entre las que se incluyen Elegía eterna y Canciones amatorias), el poema sinfónico Dante (1908), el Concierto para piano y orquesta (1909, inacabado) o el Canto de las estrellas (1911), para orquesta y coro.

(1) El nacionalismo musical, nacido en Rusia (Borodin, Mussorgski, Rimski-Korsakov...) de una deriva del Romanticismo, se interesó, con manifestaciones en toda Europa (el noruego Grieg, el finlandés Sibelius, el checo Dvorak...), por las raíces folclóricas y musicales de cada país, dotándolas de un aire contemporáneo y llevándolas, incluso, a los aledaños de la vanguardia en su última fase, bien entrado el siglo XX. Granados, después de Falla y Albéniz  (con Joaquín Turina, Jesús Guridi y varios más) perteneció a una segunda oleada del nacionalismo musical.





La Danza española nº 5, denominada Andaluza, es un andantino, casi allegretto y  la más conocida de las doce compuestas por Granados (originariamente para piano). En el video se puede apreciar su ejecución a cargo de la Orquesta Sinfónica de RTVE dirigida por el maestro Enrique García Asensio.

Mario Del Monaco - Recitar... Vesti la giubba (I pagliacci, Leoncavallo)

MARIO DEL MONACO (Firenze, Italia, 27-7-1915 / Mestre, Italia, 16-10-1982): IN MEMORIAM

Hoy es aniversario natal de Mario Del Monaco, considerado el mejor tenor dramático del siglo XX. Fue, de hecho, el divo operístico italiano más importante a lo largo de las décadas de los 40, los 50 y una buena parte de los 60, y no sólo sobre los escenarios italianos, sino también en los teatros de ópera más importantes del mundo. Tuvo la oportunidad de exhibir su potentísima voz en más de un centenar de ocasiones en el Metropolitan de Nueva York, uno de los grandes santuarios de la ópera, y  también estuvo presente de forma habitual en las temporadas de ópera celebradas en el Covent Garden londinense o en La Scala de Milán. Del Monaco consiguió hallar una especie de término medio entre la exhibición de su extraordinaria voz y la correcta interpretación de los personajes operísticos, gracias en buena parte a su temprano hallazgo de un tipo de repertorio que convenía más que ningún otro a su tesitura vocal, a su tipo de emisión y a su particular sensibilidad musical. Independientemente de por sus virtudes canoras, grabaciones y actuaciones en directo por todo el mundo, siempre será recordado por su arrebatadora personalidad y gran magnetismo, circunstancias todas ellas que le procuraron multitud de enfervorizados seguidores, convirtiéndole en un tenor de culto.
Mario Del Monaco nació en el seno de una acomodada familia florentina con antecedentes musicales. Con afición por el canto desde pequeño, encontró en su madre, que tenía una hermosa voz de soprano, una perfecta aliada. Su padre fue crítico musical en Nueva York y, tras unos años en Trípoli (Libia), donde tuvieron que trasladarse por obligaciones laborales del cabeza de familia, el pequeño Mario ingresó en el Conservatorio de Pésaro, localidad donde comenzó recibiendo clases de violín, advirtiendo su profesor las grandes cualidades vocales que tenía. Otro profesor de dicho Conservatorio, Arturo Melocchi, fue su primer maestro de canto y quién le enseñó los principios técnicos del mismo. Una beca de estudios le permitió en 1936 hacer un curso de perfeccionamiento en el Teatro de la Ópera de Roma, del cual volvió totalmente confuso al encasillarlo los profesores como tenor lírico-ligero. Con la ayuda nuevamente de Melocchi recompuso su técnica vocal, logrando debutar con la ópera Cavallería rusticana de Mascagni en 1939 en el Teatro Comunale de Cagli, y cantando a primeros de enero de 1941 en el Teatro Puccini de Milán el rol de Pinkerton en Madama Butterfly de Puccini, que al año siguiente interpretó en Florencia y otras ciudades, así como el Edgardo de Lucia di Lammermoor (Donizetti) en Treviso y varias ciudades de Sicilia. En 1943 se presenta en teatros prestigiosos como La Fenice de Venecia con Rodolfo de La bohème (Puccini), y con ese mismo papel en el Teatro Social de Como, entonces sede del Teatro alla Scala, que había sido parcialmente destruido por un bombardeo. Aunque su maestro Melocchi  fue decisivo en la carrera del tenor, hay que precisar que Del Monaco fue en gran parte un autodidacta, estudiando en casa con grabaciones de Enrico Caruso, Beniamino Gigli y Miguel Fleta, acompañándose él mismo al piano.
Una vez finalizada la 2ª Guerra Mundial, durante la cual alternó como pudo la actividad de cantante con el servicio de las armas, empezó ya sin interrupciones su carrera, debutando en 1946 con gran éxito en la Arena de Verona interpretando el Radamés de Aida (Verdi) y cantando asímismo en Londres los roles de Cavaradossi y Canio de Tosca (Puccini) y Pagliacci (Leoncavallo) respectivamente. En la Opera de Roma fue en 1947 Don José en Carmen (Bizet) y Turiddu en Cavalleria rusticana (Mascagni) y, un año después, en el Teatro Carlo Felice de Genova, cantó Calaf en Turandot (Puccini) junto a María Callas. En La Scala de Milán, ya reconstruída, debutó en 1949 con Andrea Chénier (Giordano), con  Renata Tebaldi como Maddalena di Coigny. Un momento crucial fue su incorporación del Otello verdiano en el Teatro Colón de Buenos Aires, rol al que su nombre quedaría ligado indisolublemente (nada menos que 427 veces en veintidós años cantaría dicho papel en distintos teatros de todo el mundo, estando considerado como uno de los mas grandes intérpretes del Moro de Venecia de todos los tiempos). Su carrera era ya imparable, cantando en los principales teatros de Italia y de Europa, para dar el salto a América a principios de los años cincuenta y convertirse en un ídolo en el Metropolitan de Nueva York. Su debut norteamericano tuvo lugar en septiembre de 1950 en la Opera de San Francisco con Aída, Andrea Chénier y el Des Grieux de Manon Lescaut (Puccini) y, con esta misma ópera, se producirá su triunfal debut en el Metropolitan de Nueva York, en noviembre de aquel año. Desde entonces, Del Mónaco iniciará una intensa relación con ese Teatro, que se extenderá durante las siguientes nueve temporadas, donde cantará todas sus grandes creaciones. Los años 50 constituirán el período dorado en la carrera del tenor florentino, ya que, paralelamente a sus actuaciones norteamericanas, obtendrá grandes triunfos en el Teatro alla Scala. Aunque compartió escenario con todas las grandes cantantes de su tiempo, formó a menudo pareja artística con Renata Tebaldi, en franca competencia con la formada por María Callas y Giuseppe Di Stefano. Como tenor, junto a este último, dominó la escena operística internacional hasta la aparición de Franco Corelli y Carlo Bergonzi.
De complexión fuerte, con una gran caja torácica, de estatura mas bien baja (que disimulaba en el escenario con calzas siempre que el papel se lo permitía) y de personalidad exuberante y arrolladora, estaba en posesión de una voz oscura, de gran volumen y extensión, al mismo tiempo que de gran belleza (voz de "broncíneas resonancias" decían sus exégetas). Poseedor de un ancho centro, agudos rotundos y bien proyectados y graves igualmente poderosos, de hermosísimo timbre, casi baritonal, era una voz en cualquier caso peculiar y única. Dominar esos caudalosos y excepcionales medios vocales no era tarea sencilla, y ello le ocasionaba verdaderos problemas para las medias voces, con un predominio de la emisión en forte. Sin embargo, ello era mucho menos notorio en sus primeros años de carrera, y al escuchar grabaciones del Nessun dorma de Turandot (Puccini) en 1948, o de Donna non vidi mai de Manon Lescaut (Puccini) en 1950, se pueden apreciar magníficas interpretaciones con una excelente línea de canto. De cualquier forma, sus rotundos medios vocales, unidos a una gran teatralidad, conferían auténtica fuerza a cada una de sus actuaciones escénicas, sobre todo, en aquellos roles de carácter más dramático.
Su fuerte eran las óperas veristas italianas, como las ya mencionadas Cavalleria rusticana, Pagliacci, Andrea Chénier, Manon Lescaut, Tosca, Madama Butterfly y Turandot, además de Adriana Lecouvreur (Cilea), La fanciulla del west (Puccini) o Il tabarro (Puccini). También destacaba en repertorios mas belcantistas como Norma (Bellini), La Gioconda (Ponchielli) o Carmen. Y por supuesto en las mas heroicas de Verdi como Il trovatore, La forza del destino, Ernani, Aida y, sobre todas, Otello. También se atrevió con Wagner, cantando en distintas ocasiones, aunque en italiano, Lohengrin y Die walkure, si bien esta última también la cantó en alemán en alguna ocasión.
Dejó abundante discografía (se considera modélico su Otello de 1961 con dirección de Herbert von Karajan), así como muchas y formidables grabaciones de arias y canciones populares. En 1976, año a comienzos del cual se había retirado, un álbum con clásicos de la canción napolitana, que contenía el tema inédito Un amore così grande, de Guido Maria Ferilli, obtuvo resonancia mundial. 
Mario Del Monaco estuvo casado con Rina Filippini desde 1941 hasta su fallecimiento en 1982 a los 67 años por infarto de miocardio, mientras estaba siendo tratado de nefritis con sesiones de diálisis. Fue enterrado con el traje de Otello. Se sabe que Franco Corelli, uno de sus grandes rivales, fue portador del féretro en los funerales y que Renata Tebaldi, colega en tantas y tantas óperas, se desmayó en la iglesia durante la ceremonia religiosa, pronunciando su nombre "Mario…Mario…", como si estuvieran interpretando una vez más Tosca. Dos detalles que demuestran que era muy querido por sus colegas, a pesar de su carácter algo fanfarrón y prepotente (así, por ejemplo, no tuvo ningún empacho en decir, cuando le preguntaron por unas declaraciones de Plácido Domingo en las que éste se postulaba como su heredero, que él "cantaba todos los días de la semana y no solo el Domingo".


Otello, Met NY 1952


El vigoroso ímpetu dramático de un vocalmente superdotado Mario Del Monaco se puede apreciar en esta interpretación televisiva del aria más famosa de Pagliacci de Leoncavallo, correspondiente al final de su primer Acto.

miércoles, 26 de julio de 2017

The Rolling Stones - Jumpin' Jack flash

I WAS BORN IN A CROSSFIRE  HURRICANE

Mick Jagger, incombustible líder de los Rolling Stones -banda con la que aún permanece después de cincuenta y cinco años- cumple hoy 74. Entre los múltiples números 1 del grupo en las listas de éxitos figura Jumpin' Jack flash (Jagger /Richards), un hit internacional de 1968 y una de sus canciones distintivas.

martes, 25 de julio de 2017

Tribute to Barbara Harris (Evanston, Illinois, US, 25-7-1935)

HÁBIL COMEDIANTE DE PECULIAR E INTELIGENTE HUMOR

La actriz de teatro y cine estadounidense Barbara Harris cumple hoy 82 años. Dotada de una notable vis cómica, accedió al cine tras haber triunfado en Broadway como primera actriz. Su carrera en la pantalla se ha especializado en roles de comedia. Ha sido candidata al Oscar en una ocasión y al Globo de Oro en cuatro. Nunca ganó estos premios pero sí un Tony teatral.
Hija de un arboricultor (y más tarde hombre de negocios) y de una reputada pianista, Barbara Harris se sintió atraída por el teatro desde adolescente. Después de formar parte de diversas compañías en Chicago, debutó en Broadway en 1961, donde fue adquiriendo reputación de comediante y, tras varias candidaturas al premio Tony,  lo logró en 1967. En los primeros años 60 apareció en algunos episodios de series televisivas.
Su carrera en el cine, alternada con el teatro, comenzó con Miles de payasos (1965) de Fred Coe, comedia con Jason Robards y  Martin Balsam, a la que siguieron ¡Oh papá, pobre papá, mamá te ha metido en el armario, y a mí me da tanta pena! (1967) de Richard Quine, comedia con Rosalind Russell y Robert Morse en la que Harris repitió el papel que cinco años antes había desempeñado en la obra homónima en una producción off-Broadway, Eso del matrimonio (1971) de Arthur Hiller, adaptación de una obra de Neil Simon, con Walter Matthau, Maureen Stapleton y Lee Grant, ¿Quién es Harry Kellerman? (1971) de Ulu Grosbard, comedia dramática con Dustin Hoffman por la que fue nominada al Oscar como mejor actriz de reparto, Guerra entre hombres y mujeres (1972) de Melville Shavelson, comedia con Jack Lemmon y Jason Robards, o Nashville (1975) de Robert Altman, sátira musical de historias cruzadas con reparto multiestelar.
Su mejor oportunidad en la gran pantalla llegó de la mano de Alfred Hitchcock en La trama (1976), comedia negra con Karen Black, Bruce Dern y William Devane donde destacó interpretando a una divertida espiritista farsante que junto a su novio, taxista, anda a la búsqueda de una herencia. Después participó en Viernes loco (1976) de Gary Nelson, comedia fantástica con Jodie Foster y John Astin, Movie movie (1978) de Stanley Donen, musical con reparto encabezado por George C. Scott, Los aficionados de North Avenue (1979) de Bruce Bilson, comedia criminal de acción con Edward Herrmann, Susan Clark, Karen Valentine y Michael Constantine, Escalada al poder (1979) de Jerry Schatzberg, drama político con Alan Alda y Meryl Streep, o Corazones de segunda mano (1981) de Hal Ashby, comedia con Robert Blake.
El resto de su reducida filmografía lo componen títulos como Peggy Sue se casó (1986) de Francis Ford Coppola, comedia retro con Kathleen Turner y Nicolas Cage, Las chicas bien no explotan (pero calientan) (1986) de Chuck Martinez, comedia con Michelle Meyrink, William O'Leary y Wallace Shawn, Un par de seductores (1988) de Fran Oz, comedia con Steve Martin y Michael Caine, o Un asesino algo especial (1997) de George Armitage, comedia criminal con John Cusack, Minnie Driver, Alan Arkin y Dan Aykroyd. Luego se retiró discretamente y se dedicó a la enseñanza de arte dramático.
Entre 1955 y 1958 estuvo casada con el director teatral Paul Sills, matrimonio finalizado en divorcio.



lunes, 24 de julio de 2017

Giuseppe Di Stefano - Core 'ngrato

PECCHÈ ME DICE STI PAROLE AMARE

Recordamos el aniversario natal del tenor italiano Giuseppe Di Stefano, con esta sentida grabación de Core 'ngrato, hermosa canción compuesta en 1911 por Salvatore Cardillo, con letra de Riccardo Cordiferro que en su día estrenó el famoso Enrico Caruso y posteriormente grabaron grandes tenores como Beniamino Gigli, Mario Lanza o Luciano Pavarotti. Se trata de la única canción internacionalmente famosa en dialecto napolitano escrita en América por dos emigrantes procedentes de Italia. Sus primeras palabras "Catarì, Catarì" son abreviatura del nombre femenino Caterina. Aún hoy este estremecedor lamento amoroso continúa formando parte del repertorio lírico de multitud de tenores.

Core 'ngrato  (parole)

Catarì, Catarì
Pecchè me dice sti parole amare
Pecchè me parle e 'o core
Me turmiente Catarì?
Nun te scurdà ca t'aggio date 'o core, Catarì
Nun te scurdà
Catarì, Catarì, che vene a dicere
Stu parlà, che me dà spaseme?
Tu nun 'nce pienze a stu dulore mio
Tu nun 'nce pienze tu nun te ne cure
Core, core 'ngrato
T'aie pigliato 'a vita mia
Tutt' è passato
E nun 'nce pienze cchiù!

Catarì, Catarì
Tu nun 'o saie ca'nfin 'int' a 'na chiesa
Io so' trasuto e aggio priato a Dio, Catarì
E l'aggio ditto pure a 'o cunfessore
I' sto a suffrì
Pe' chella llà
Sto a suffrì
Sto a suffrì, nun se po' credere
Sto a suffrì tutte li spaseme
E 'o cunfessore ch'è persona santa
M'ha ditto: figlio mio, lassala stà
Core, core 'ngrato
T'aie pigliato 'a vita mia
Tutt' è passato
E nun 'ce pienze cchiù!

Tutt' è passato
E nun 'ce pienze cchiù!


domingo, 23 de julio de 2017

Amália Rodrigues - Lisboa antiga

DAS POPULARES PREGÕES MATINAIS QUE JÁ NÃO VOLTAM MAIS

Un año más recordamos el aniversario natal de Amália Rodrigues, sin duda, una de las más grandes cantantes del siglo XX. En esta ocasión lo hacemos con el conocido fado Lisboa antiga (José Galhardo/Amadeu do Vale/Raul Portela) que, a partir de 1952, la inolvidable intérprete lisboeta llegó a grabar hasta en once ocasiones.

Arletty (Courbevoie, France, 15-5-1898 / Paris, France, 23-7-1992): In memoriam

MUSA DEL REALISMO POÉTICO FRANCÉS

Hoy se cumplen veinticinco años del fallecimiento de la actriz francesa Arletty. Personalidad única, accedió al cine desde las candilejas gracias a su buena planta y desparpajo. Fue una gran estrella de la cinematografía gala desde finales de los años 30 hasta dos décadas después personificando ciertas características de la 'mujer francesa' por antonomasia con simpática desenvoltura y desarmante naturalidad. Musa del llamado realismo poético, debe su celebridad fundamentalmente a las películas que rodó dirigida por Marcel Carné, sobre todo la deslumbrante Los niños del paraíso, que marcó el punto culminante de su carrera y donde, además de su imponente presencia que iluminaba la pantalla, exhibió un maravilloso sentido del humor, un ingenio extraordinario y un aire típico de la clase obrera parisina.
Léonie Marie Julie Bathiat nació en el seno de una familia de clase obrera; su padre era tornero de tranvías y su madre lavandera. Por sufrir problemas respiratorios, a los cuatro años fue enviada al cuidado de unos parientes paternos en Clermont-Ferrand. Hasta 1910 estudió en una institución privada y después se propuso convertirse en secretaria y aprendió mecanografía. La guerra de 1914 acabó en el campo de batalla con la vida de su primer amor, a quien llamaba 'Ciel' a causa del color de sus ojos. Su padre, promovido a jefe de tracción, falleció aplastado por un tranvía a finales de 1916 y consecuentemente, ella, su madre y su hermano fueron desalojados de la vivienda correspondiente a los empleados de los tranvías de París. En 1917 se dejó seducir por un joven banquero suizo y se fue a vivir con él. Lo dejó por un marchante de pinturas, quien la recomendó al director del Théâtre des Capucines. Posó para pintores y fotógrafos y por un tiempo fue maniquí de Poiret, un famoso costurero. En esa época adoptó el seudónimo de Arlette, tomado de una novela de Maupassant, que más adelante transformaría en Arletty para actuar en comedias, operetas y espectáculos de music-hall a partir de los años 20.
A la edad de 32 debutó en el cine y siguió alternando su trabajo en los escenarios con su incipiente carrera cinematográfica, en la que figuraron títulos como El padrino ideal (1933) de André Berthomieu, El admirable vanidoso (1934) de Jean Tarride, Guerra de valses (1933) de Ludwig Berger y Raoul Ploquin, o Pensión Mimosas (1934) de Jacques Feyder, su primera película importante. Estos y otros muchos films donde apareció solían ser el equivalente en pantalla de lo que ella interpretaba en los escenarios. Conforme se le fueron confiando papeles más relevantes, destacó por su dinamismo e ingenio, creando caracteres populares a veces truculentos, pero nunca vulgares, lo que le valió el apelativo de 'emperatriz de los arrabales', homenaje sincero a una especie de nobleza altanera y libertad soberana que confirió a sus personajes. En Las perlas de la corona (1937) de Sacha Guitry encarnó a la reina de Abisinia, pero fue Hotel del Norte (1938) de Marcel Carné, drama con Annabella, Jean-Pierre Aumont y Louis Jouvet donde personificaba a una desgarrada prostituta, el film que la encumbró cuando ya contaba 40 años. Carné, el director más importante con quien trabajó y para quien rodaría otras excelentes películas que constituyen lo mejor de su filmografía, volvió a contar con ella en Al despertar el día (1939), drama con Jean Gabin, Jules Berry y Jacqueline Laurent, donde entroniza la figura de la mujer libre, sujeta sólo a la voluntad de su pasión, en pie de igualdad con sus amantes masculinos. A partir de ahí se instaló definitivamente en su personaje específico: el de una mujer fuerte y autónoma, que no cree en Dios ni en el diablo, y aún menos en los hombres, pero que se encontraba encadenada a sus historias y dramas por su insaciable necesidad de amor, puro o pasional. Sin embargo, guardaba en su corazón un romanticismo que la hacía entregarse a quien le gustaba, sin reticencias ni falsa vergüenza.
Luego de protagonizar películas como Fric-Frac (1939) de Claude Autant-Lara y Maurice Lehmann, comedia con Fernandel y Michel Simon, o Madame Sans-Gêne (1941) de Roger Richebé, comedia histórica con Aimé Clariond y Albert Dieudonné, rodó, de nuevo a las órdenes de Marcel Carné, Los visitantes de la noche (1942), fábula medieval con Marie Déa, Fernand Ledoux, Alain Cuny y Jules Berry donde era una figura seductora y ambigua que sembraba la confusión en el corazón de los hombres y desencadenaba un drama al intentar evitar los irresistibles efectos de su maléfico poder. Fue éste el film francés más importante rodado (en Niza) y estrenado durante la Ocupación alemana, en plena II Guerra Mundial. Entre 1943 y 1944, Carné rodó asimismo en Niza la que habría de ser su obra maestra y la considerada  mejor película de la historia del cine francés: Los niños del paraíso (1945), lujosa superproducción en forma de drama romántico con Jean-Louis Barrault, Pierre Brasseur, Pierre Renoir, Marcel Herrand, Louis Salou y María Casarès. El personaje de Arletty era Garance, una seductora actriz que representaba la verdad desnuda, sin guardar las formas pero sin impudor, mientras su corazón latía en secreto por el cómico Baptiste. Fue éste el mejor papel de su carrera y por el que cobró uno de los más altos salarios de la época. Estrenado el film tras la liberación de Francia, confirmó a Arletty como la primera estrella de su país. Sin embargo, tras el fin de la guerra, fue juzgada por colaboracionista. Había sido amante de un alto oficial alemán. "Soy una mujer", dijo al juez. La condenaron a varios meses de prisión (por lo que entonces se llamaba "colaboración horizontal"), a un destierro de dos años y medio en provincias en arresto domiciliario y la prohibición de trabajar en tres años. Ni siquiera pudo asistir al estreno de Los niños del paraíso. Posteriormente, su carrera se mantuvo en un discreto ostracismo profesional.
Luego de pasar por un par de films inacabados, volvió al teatro en 1949 interpretando a Blanche DuBois en el estreno francés de "Un tranvía llamado deseo" de Tennessee Williams bajo la dirección de Jean Cocteau. Entre sus películas posteriores figuran Pasión prohibida (1949) de Bernard-Roland, thriller con Maria Montez, Erich von Stroheim y Pierre Brasseur, Los peligros de París (1951) de Roger Richebé, drama con Georges Marchal y Nicole Courcel, El gran juego (1954) de Robert Siodmak, drama con Gina Lollobrigida, Jean-Claude Pascal y Raymond Pellegrin, El aire de París (1954) de Marcel Carné, drama boxístico con  Jean Gabin, Roland Lesaffre y Marie Daëms, Un domingo maravilloso (1958) de Marc Allégret, comedia dramática con Bourvil y Danielle Darrieux, Bello amor (1958) de Henri Verneuil, comedia dramática con Michèle Morgan y Charles Boyer, El día más largo (1962) de Ken Annakin, Andrew Marton y Bernhard Wicki, superproducción bélica con multiestelar reparto internacional, o Vida de Roma (1963) de Denys de La Patellière, comedia con Charles Aznavour.
En 1962 sufrió un accidente a consecuencia del cual quedó prácticamente ciega. Su última película la rodó en la oscuridad, guiándose por la voz de sus compañeros. Después se retiró y sólo prestaría su voz a varios documentales. Desde 1928 fue compañera de Jean-Pierre Dubost, en una larga relación que, con altos y bajos, se prolongó hasta la muerte de él en 1966. La vida de Arletty, que nunca se casó ni tuvo hijos, se alargó hasta los 94 años. Pocas estrellas francesas han sido tan añoradas como ella.


sábado, 22 de julio de 2017

Claude Sautet (Montrouge, France, 23-2-1924 / Paris, France, 22-7-2000): In memoriam

LÓGICA INTERNA Y VISIÓN CONCRETA DE LOS PERSONAJES

Hoy se cumplen diecisiete años del fallecimiento del cineasta y guionista  francés Claude Sautet. Director de sólo catorce largometrajes en casi cuarenta años de carrera, bajo la superficie realista y poco estridente de su cine, hay una elaborada concepción de la puesta en escena, a partir de narraciones sintéticas donde el género le sirve no como un fin en sí mismo, sino como el marco adecuado para expresar con virtuoso detallismo tipologías psicológicas universales en una coyuntura social precisa. Sereno en apariencia, el cine de Sautet es poderoso y a menudo devastador. Sus imperceptibles recursos técnicos repercuten en el inconsciente del espectador, que comparte un grado de intimidad inusitado con los personajes. Especialista tanto en retratos individuales como colectivos, la funcional dinámica del plano y contraplano es fundamental en las películas de Sautet y hace con ella prodigios de sutileza dramática y emocional, apoyado en actores de la importancia de Lino Ventura, Michel Piccoli, Romy Schneider, Yves Montand, Daniel Auteuil, Emmanuelle Béart o Michel Serrault, por citar sólo algunos. Culto, educado y exquisito, Sautet logró reconciliar el cine francés con lo mejor de su tradición y se le considera un continuador de Jacques Becker y Jean Renoir. Tres de sus obras fueron candidatas al César a la mejor película y él lo ganó en dos ocasiones como mejor director por Un corazón en invierno, además del León de Plata en Venecia, y por Nelly y el Sr. Arnaud, sus dos últimas obras.
Inicialmente interesado por la pintura y la escultura, Claude Sautet estudió en una escuela de artes decorativas y más tarde cinematografía en la Universidad de París. Después de ejercer como ayudante de dirección y crítico musical, realizó su primera película de encargo en 1956. En los años 60 dirigió sólo dos títulos:  A todo riesgo (1960), un personal y apreciable thriller basado en una novela de José Giovanni, con Lino Ventura, Sandra Milo y Jean-Paul Belmondo, y Armas para el Caribe (1965), film de aventuras con Lino Ventura, Sylva Koscina y Leo Gordon. En esa época trabajó, sobre todo, como guionista en films de realizadores como Georges Franju, Jacques Deray, Jean Becker, Jean-Paul Rappeneau, Alain Cavalier o Philippe de Broca.
En la siguiente década se estableció como director de primera fila con películas como Las cosas de la vida (1970), drama con Michel Piccoli y Romy Schneider, quienes en años sucesivos se convertirían en sus actores fetiche, Max y los chatarreros (1971), drama policiaco donde Piccoli era un juez infiltrado en una banda de delincuentes que se enamora de Schneider, una prostituta que es la novia del jefe, Ella, yo y el otro (1972), comedia dramática con Yves Montand, Romy Schneider y Sami Frey, Tres amigos, sus mujeres... y los otros (1974), comedia dramática sobre un grupo de amigos y sobre los valores de la vida, con Yves Montand, Michel Piccoli,  Serge Reggiani y Gérard Depardieu, Mado (1976), drama con Michel Piccoli, Jacques Dutronc, Ottavia Piccolo y Romy Schneider, y Una vida de mujer (1978), drama con Romy Schneider, Bruno Cremer y Claude Brasseur nominado a once premios César y al Oscar a la mejor película en lengua no inglesa.
En los años 80 dirigió tres películas de menor repercusión: Un mal hijo (1980), drama con Patrick Dewaere, Brigitte Fossey, Jacques Dufilho e Yves Robert, Garçon! (1983), comedia dramática con Yves Montand, Nicole Garcia y Jacques Villeret, y Unos días conmigo (1988), comedia dramática con Daniel Auteuil y Sandrine Bonnaire. En los 90 recuperó y consolidó su prestigio con Un corazón en invierno (1992), drama con Daniel Auteuil, Emmanuelle Béart y André Dussollier, una de sus obras más aclamadas, por la que ganó el León de Plata al mejor director en el Festival de Venecia y el César al mejor director (entre nueve candidaturas), un film premiado además con tres David di Donatello, y Nelly y el Sr. Arnaud (1995), drama con Emmanuelle Béart, Michel Serrault y Jean-Hugues Anglade ganador de dos premios César (entre once candidaturas), uno de ellos al mejor director.
Claude Sautet estuvo casado con Graziella Escojido hasta su muerte a los 76 años a consecuencia de un cáncer hepático. Sus restos yacen en el cementerio de Montparnasse bajo el epitafio Garder le calme devant la dissonance!!!