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domingo, 21 de agosto de 2016

Emilio Salgari (Verona, Italia, 21-8-1862 /Torino, Italia, 25-4-1911): In memoriam

EL 'PADRE' DE SANDOKAN

Hoy es aniversario natal del escritor italiano Emilio Salgari, autor de numerosas novelas de aventuras que han gozado siempre de gran éxito, sobre todo entre el público juvenil, por el dinamismo casi cinematográfico de la acción, que evoca sugerentes atmósferas fantásticas y épicas. El pirata Sandokan es el más famoso entre los personajes que creó. Problemas psicológicos, familiares y económicos le empujaron al suicidio a los 48 años de edad.
Emilio Salgari nació en el seno de una modesta familia de comerciantes. Amante del mar, inició estudios en el instituto técnico y naval de Venecia, aunque no llegó a terminarlos e intentó convertirse sin éxito en capitán de navío surcando en un barco escuela las costas italianas. Con posterioridad estuvo en un mercante navegando por el Adriático. Esta atracción oceánica y su amor por la aventura sirvió de base para sus futuros y exitosos textos literarios que comenzaron a aparecer en diversas publicaciones. En 1882 regresó a Verona, donde organizó una biblioteca ambulante y se dedicó al periodismo.
Sus primeras producciones literarias fueron pequeñas composiciones líricas, relatos breves y memorias, pero un año después se inició en la novela con Los salvajes de Papúa (1883), relato corto publicado por entregas en un periódico milanés. Dio comienzo así a una intensa actividad que le llevó a publicar alrededor de 130 relatos cortos y más 80 novelas, que desde el primer momento obtuvieron gran acogida pública y han sido traducidas a muchísimas lenguas. Escribió sin salir de la redacción del periódico donde trabajaba, La Nuova Arena, empleo que mantuvo hasta 1893. En 1887 murió su madre y dos años después su padre se suicidó. A comienzos de 1892 Salgari se casó con la actriz Ida Peruzzi, con quien tuvo cuatro hijos:  Fatima, Nadir, Romero y Omar. Después de varios cambios de residencia, la familia se estableció definitivamente en Turín en 1898.
Uno de los grandes exponentes europeos de la novela de aventuras, sus obras se encuadran en distintos ciclos narrativos y entre ellas destacan: La cimitarra de Buda (1892), Los pescadores de ballenas (1894), Los misterios de la jungla negra (1895), Los piratas de la Malasia (1896), El corsario negro (1899), La reina de los caribes (1901), Los tigres de Mompracen (1901), Los dos tigres (1905), El rey del mar (1906), La venganza de Sandokán (1907), En las fronteras del Far-West (1908) o La caída de un imperio (1911). Generalmente ambientados en escenarios exóticos y narrados con dinamismo y un estilo sencillo y directo, demuestran estos libros su férvida imaginación, capaz de dar vida a personajes y héroes que, en sus aventureras empresas, encarnan los sentimientos más elementales, como la justicia, el honor, la amistad o la defensa de los débiles.
El nombre de Salgari se popularizó en toda Europa, era leído incluso por la realeza y en 1897, a propuesta de la Reina Margarita de Saboya, se le había honrado con el título de Caballero de la Orden de la Corona de Italia. A pesar de todo, mantenía a duras penas y con largas e intensas jornadas de trabajo a su mujer y sus cuatro hijos, sujeto a sus editores por un jornal escaso. Su contrato con Donath, su primer editor, le obligaba a entregar tres novelas anuales por 4000 liras, lo que apenas llegaba para sufragar sus gastos domésticos. A partir de 1903, su esposa comenzó a dar señales de locura y las deudas que contrajo el escritor para pagar los gastos del tratamiento se multiplicaron. Otro contrato con Bemporad tampoco mejoró la situación. En 1911 Ida Peruzzi fue finalmente internada por una "forma de manía furiosa" en un manicomio, pues Salgari no tenía suficiente dinero para llevarla a una clínica privada. 
Afectado por una profunda depresión -ya había intentado el suicidio en 1909 arrojándose sobre una espada, aunque pudo evitarlo su hija Fatima-, la mañana del martes 25 de abril de 1911, Salgari dejó tres cartas en su mesa (a sus hijos, a los directores de los periódicos y a sus editores), salió de su casa y subió a un tranvía con una navaja en el bolsillo. Debido a sus problemas familiares y económicos, decidió acabar con su vida en las afueras de la ciudad haciéndose el harakiri. Una lavandera que fue al bosque a buscar leña encontró su cuerpo sin vida con la garganta y el vientre abiertos. En su mano sostenía la navaja.
Antes había escrito en una carta de despedida: "Queridos hijos míos, ahora ya estoy vencido. La locura de vuestra madre me ha destrozado el corazón y todas las energías. Espero que mis millones de admiradores, a quienes durante tantos años he divertido e instruido, os ayudarán. No os dejo más que 150 liras, más un crédito de 600 liras... Hacedme sepultar por la caridad, dado que estoy completamente arruinado. Os besa a todos con el corazón sangrante vuestro desgraciado padre, Emilio Salgari". Sigue una post-data: "Voy a morir al Valle de San Martino, cerca del lugar donde, cuando vivíamos en la calle Guastalla, íbamos a merendar. El cadáver se encontrará en uno de los barrancos que conocéis, porque íbamos allí a recoger flores". En otra hoja dirigida "A mis editores", en un duro acto de acusación escribió: "A ustedes que se han enriquecido con mi piel, manteniéndonos, a mí y a mi familia, en una continua semi-miseria o aún más, sólo les pido que en compensación por las ganancias que les he dado, piensen en mis funerales. Los saludo quebrando la pluma. Emilio Salgari".
Su funeral tuvo lugar en el Parque del Valentino pero pasó desapercibido porque en esos días en Turín se preparaba la celebración del 50 Aniversario de la Unificación de Italia. Su tumba se trasladó a la capilla memorial del Cementerio Monumental de Verona.


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